1 Tesalonicenses 2:1-8
“Nuestro propósito es agradar a Dios, no a las personas. Solamente él examina las intenciones de nuestro corazón” (v.4b)
Al buscar agradar a Dios determinó que mi identidad está en relación a él. Mi identidad está quedando definida por lo que él ha dicho quién soy yo. ¿Qué ha dicho acerca de quiénes somos? El apóstol Pablo señala que el Espíritu de Dios que ha sido puesto en nuestros corazones nos dice que somos hijos de Dios (Ro.8:14-17). Entonces, ¿quién soy yo? Soy un hijo de Dios, ésta es mi identidad.
Una vez que esto ha sido determinado nos queda clara las palabras del apóstol, siendo que somos hijos de Dios vamos a buscar agradar a nuestro Padre y no a las personas. Pueda ser que a veces coincidan pero no siempre nos ocurrirá porque lamentablemente las demandas de los hombre muchas veces son contrarias a la que nuestro Padre. El Señor Jesús, nuestro hermano mayor, tuvo que enfrentar ese dilema y el ser consecuente respecto a su identidad terminó llevándole a la cruz; pero fue también esto lo que lo llevó a la gloria y exaltación.
Debemos tomar el camino de agradar al Padre si somos sus hijos. Tomar una actitud diferente va a resultar en un engaño para nosotros además de constituirse en un peligro (en Marcos 8:38 dijo que si nos avergonzamos de él, él también se avergonzará de nosotros en su venida).Tanto para nuestra salud espiritual, emocional, mental e incluso física es importante que admitamos quienes somos y que vivamos siendo consecuentes de ello. Si Dios eres hijo de Dios, define tu identidad al buscar agradar solamente a tu Padre.
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